El niño de tres meses
En esta etapa, el niño permanece despierto durante un período de tiempo mayor que en los meses precedentes. Durante la vigilia, comienza a coordinar movimientos simples y desaparece el movimiento de prensión. Atiende a estímulos, sonríe en respuesta a interacciones sociales. Siente placer ante sus emisiones sonoras. Su amamantamiento (que debería ser a libre demanda) constituye un momento privilegiado de intercambios afectivos, verbales y corporales.
El niño de seis meses
Permanece sentado solo o con un ligero apoyo. Amplía su campo de exploración interesándose por la manipulación de objetos y de su propio cuerpo. Llaman su atención diferentes fuentes sonoras, especialmente las verbales. Le agrada que hablen y jueguen con él. Comienza a distinguir a familiares y extraños.
El niño de nueve meses
Durante esta etapa ya es capaz de sentarse solo y de manipular con mayor precisión, dirigiendo sus acciones. Construye la noción de objeto, la que en adelante perfeccionará, es decir que el objeto existe independientemente de las acciones que se realicen sobre él. Ha establecido y mantiene vínculos con personas significativas, diferenciando perfectamente familiares de extraños. Presenta un vivo interés por los juegos verbales.
El niño de 12 meses
A esta edad el niño adquiere la posición erecta y la marcha, lo que le permite ampliar su campo de exploración y conocimiento del mundo. Manipula finamente los objetos con presión pinza. Comienza a decir las primeras palabras y tiene una mejor comprensión del habla adulta en relación con lo que es capaz de emitir. Le agradan los juegos de sacar y poner.
El niño de 15 meses
El niño de esta edad es un deambulador que explora activamente el mundo que lo circunda. Comprende mejor el lenguaje. Utiliza jerga y amplía su vocabulario (de unas veinte palabras). Conoce familiares por el nombre o parentesco. Juega solo y busca la interacción con el adulto, manteniendo su atención momentáneamente. Requiere a la madre como reaseguro; imita gestos.
El niño de 18 meses
Al año y medio domina la marcha. Se consolidan sus intercambios verbales, los que en adelante progresarán sostenidamente. Tiene un repertorio definido de palabras (alrededor de veinte), todavía con errores de pronunciación (dislalias evolutivas). Es escasa su capacidad para unir dos elementos léxicos (frase de dos palabras). No expresa frustración si no le entienden. Le agradan y muestra pericia en los juegos de desplazamiento (arrastrar juguetes). Inicia los juegos simbólicos.
El niño de dos años
A esta edad el niño perfecciona sus actividades psicomotrices y sus intercambios sociales: colabora en pequeñas tareas como desvestirse, ir al baño, comer solo, etc. Emite frases de dos palabras. Se refiere a sí mismo por su nombre y lo utiliza para pedir (por ejemplo: “Pedro agua”). Siente frustración si no le entienden, manifestándolo con desagrado o rabietas. Consolida el juego simbólico.
El niño de dos años y medio
Perfecciona el manejo de su cuerpo: salta, trepa, sube y baja escaleras, puede caminar en puntas de pie si se lo solicitan, manipula coordinadamente objetos pequeños. Tiene más destreza y manifiesta mayor independencia en los hábitos de higiene y alimentarios. Incrementa sus intercambios verbales (tiene un vocabulario de alrededor de 500 palabras). Utiliza el pronombre “yo” para referirse a sí mismo. Participa en juegos turbulentos de acción con otros niños: corridas, caídas, luchas. Usa un mismo objeto para representar cosas diferentes: un palito como micrófono, caballito, espada, escopeta, etcétera.
El niño de tres años
A esta edad se entretiene con actividades sedentarias durante períodos más largos haciendo una manipulación más fina del material de juego. Le atraen los lápices y comienza a realizar los primeros dibujos. Comprende “casi todo” lo que le dicen; utiliza un vocabulario de unas mil palabras. El 80% de sus enunciados es entendible aun para extraños. Relata experiencias. Realiza juegos grupales. Hace dramatizaciones representando roles adultos, diferenciados según el sexo (la mamá, la maestra, el doctor, etc.). Puede separarse por períodos relativamente largos de sus familiares, permaneciendo en el Jardín de infantes o en casa de amigos.
El niño de cuatro años
A esta edad el niño es capaz de realizar saltos en largo (a la carrera o parado). Su coordinación más refinada le permite intentar abotonarse la ropa y atarse los cordones de sus zapatillas. Puede copiar un círculo y una cruz. Su habla está establecida con pocas desviaciones de la norma adulta. Domina el sistema pronominal. Conjuga bien los verbos en el lenguaje coloquial. Ocasionalmente persisten dislalias evolutivas, sobre todo en el fonema /r/. Su vocabulario es de alrededor de 1.500 palabras. Se interesa por la lengua escrita. Hace dramatizaciones complejas, con abundancia de detalles y despliegue de la fantasía (le agrada disfrazarse). Inventa amigos imaginarios. Muestra una clara preferencia por el juego según el sexo. Se adapta bien a las exigencias de otros medios como las del Jardín de infantes.
El niño de cinco años
A los cinco años el niño muestra coordinaciones más complejas y manipulaciones más finas: puede cor rer, saltar, patear la pelota con pericia, manejar un triciclo o una bicicleta; es más apto para aprender a nadar, danzar, etc. Puede copiar un cuadrado y sus posibilidades de representación le permiten realizar dibujos en escenas con muchos detalles, aun cuando todavía no domine la perspectiva. Su lateralidad está definida. Comprende bien el lenguaje coloquial: habla “todo” con buena pronunciación y organización sintáctica, aunque todavía no utiliza las llamadas “estructuras tardías”. Su vocabulario es de alrededor de 2.000 palabras. Se interesa en la producción de otros sistemas de símbolos como la lengua escrita. A menudo sabe escribir su nombre, aunque su escritura es logográfica. Muestra regocijo y gusto por los juegos grupales, incluso cuando todavía no comprende bien los juegos de reglas. Presenta conductas totalmente independientes en la alimentación y el control de esfínteres.
El niño de seis años
Domina la marcha, corre midiendo la velocidad y puede detenerse cuando lo desea. Su sistema de representación es más complejo. Perfecciona su dibujo, aun cuando todavía sigue sin dominar la perspectiva. Diferencia claramente dibujo de escritura. Su competencia lingüística y comunicativa aumenta. Se perfeccionan sus habilidades metacognitivas, las que lo conducen a reflexionar sobre el código grafofonético. A menudo puede reconocer y escribir su nombre y otras palabras cortas familiares. Puede hacer clasificaciones unidimensionales. Cuenta y reconoce números. Puede narrar historias, aún imperfectamente. Puede participar en juegos reglados.
El niño de siete años
A esta edad, el desarrollo intelectual se consolida permitiendo al niño hacer clasificaciones jerárquicas (color, forma, tamaño). Adquiere la noción de conservación de la sustancia y la noción de número, que lo habilita para realizar operaciones simples. Su lenguaje evoluciona de modo tal que puede comprender mejor metáforas, realizar actividades metasintácticas (detecta agramaticalismos). Puede leer y escribir alfabéticamente, aunque no domina totalmente la norma ortográfica. Se consolidan sus interacciones sociales, mostrando preferencias por amigos.